Lo único que se oía de aquel nublado y húmedo día era el sonido que producía el viento al rozar con las hojas de los árboles otoñales.
Traté de ocupar mi mente, pero en lo único que podía pensar era en que estaba por cumplir los dieciocho y tendría que ir a la universidad.
Pasar de la secundaria a la universidad no era nada fácil. Además del dinero estaban mis amigos que, por suerte, Jacob seguiría lo mismo que yo, Fotografía, y no estaría tan sola ni me sentiría demasiado desorbitada, tendría a alguien que sea mi cómplice en cuanto a mi desconocimiento debido a ser primerizos en esto.
Al volver a la realidad recordé que no faltaba mucho más para que Charlie me llame para cenar, por lo tanto, traté de bañarme lo más rápido posible.
- ¡Bella¡ ya está la lista la cena – gritó mi padre ya por segunda vez al ver que no bajaba.
- Ya voy –le respondí mientras iba escaleras abajo para no impacientar más a Charlie cuando recordé que había olvidado cerrar la ventana de mi cuarto, por lo que no me preocupé mucho, ya que, seguramente, llovería al terminar de cenar. Por lo pronto, sólo me limité a comer silenciosamente con Charlie.
Al despertarme, vi la hora, ya era tarde, por lo que me apresuré para cambiarme y desayunar. Charlie ya se había ido a la estación de policía a trabajar como de costumbre.
Agarré la cámara fotográfica y salí de casa con prisa. Subí al monovolumen y en menos de veinte minutos ya estaba en el bosque, hacía un día hermoso, el sol resplandecía entre las nubes blancas. Estaba asombrada ya que no venía muy malo el tiempo. Me senté sobre el tronco de un árbol caído para fotografiar el sol queriéndose colar por entre los árboles, era algo que me emocionaba, el poder plasmar algo tan bello en una simple hoja de papel, era apasionante y ya se había convertido en un vicio para mí.
Después de un largo tiempo ya no tenía noción de la hora, sólo sabía que había oscurecido lo bastante como para que Charlie se preocupara porque todavía no había vuelto a casa.
Cuando llegué a casa vi que el auto patrulla no se encontraba entonces decidí entrar, preparar la cena y darme una ducha.Ya eran las ocho y Charlie aún no había vuelto por lo que le dejé una nota en la mesa de la cocina:
Papá:
Lamento no poder cenar contigo porqueestoy demasiado exhausta…
Te dejé la cena en el microondas…
Te veré mañana.
Te quiero, Bella
Ya que no podía mantener por mucho más tiempo los ojos abiertos y Charlie tendría que cargarme hasta mi cuarto al verme dormida en el sofá.Al dejar la nota subí las escaleras hasta mi cuarto, caí rendida en la cama soltando un largo suspiro.
-¡Bella! ¡Bella! – giré el rostro al escuchar mi nombre que provenía de muy adentro del bosque. Una voz angustiada, lastimada y envuelta por una ráfaga de dolor que me producía un fuerte impulso de protegerla, la misma me llamaba de una forma desesperada, que al mismo tiempo también era una voz suave, de terciopelo, realmente hermosa y única.Mientras que corría y corría , me adentraba cada vez más al corazón del bosque pero por más que buscara me resultaba en vano ya que no encontraba absolutamente nada ni nadie, pero esa voz torturada y al mismo tiempo preciosa seguía pronunciando mi nombre una y otra vez y por más que esforzara en encontrarme con ella, no lo conseguía .Cada vez corría más y más rápido debido a mi desesperación por querer consolar esa voz pero no servía de nada. Todo comenzó a girar alrededor mío hasta dejarme tumbada en el suelo.
- ¡BELLA! – la voz volvió a gritar mi nombre pero esta vez de una forma total y completamente desgarradora, como si fuese a romperse debido a su contrariedad al también ser frágil.Era como si quisiera llorar pero se le hacía imposible, por describirlo de alguna manera.
- ¡No! - grité exaltada.
Ya hacía varias semanas que soñaba con esa voz lastimada y, al mismo tiempo, hermosa.Ese sueño me perturbaba de un modo inexplicable, no entendía porque me sentía tan mal después de tenerlo.
sábado, 21 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario